Muy difícil con diez, imposible visitando a un enfermo

En vez de soltar una frase lapidaria como "sayonara baby" o "alégrame el día", "levántate y anda" es la exhortación usual del Celta cuando se enfrenta a equipos en dinámicas nefastas. Esto viene de antiguo. Por ejemplo, hace casi 20 años, el Logroñés era último con cero victorias a punto de cumplirse la primera vuelta. Le faltaba visitar Vigo para completarla y volvió a Logroño con 0-1 ¿Un favor de Carlos Aimar a su ex equipo? Pasaría más veces.

Por no ir muy lejos, la pasada temporada el Celta visitaba Riazor con la posibilidad de darle la puntilla al Deportivo. En Coruña ni Fernando Vázquez lograba enderezar el rumbo. Ahí estuvo el Celta para elevar su moral y darle vida hasta la última jornada a un equipo descolgado en la clasificación.  Y eso que marcó Park, cosa que no ocurría todos los días. Menos mal que en las últimas jornadas el Celta hizo un requiebro genial de su poder balsámico y pudo resucitarse a sí mismo cuando parecía un cadáver que ya olía.

Más cerca incluso en el tiempo, el Elche llevaba los seis primeros partidos sin conocer la victoria. Al séptimo, pasó por Balaídos y volvían los ilicitanos a vencer en Primera más de 25 años después. El Celta siempre dispuesto a contribuir a los momentos históricos de otros equipos. Poco después vendría a Vigo el Rayo con tres derrotas seguidas. El meneo fue importante.

Esta semana tocó darle aire al Valladolid. No le viene nada mal a los pucelanos, tras cinco partidos sin ganar. JIM, que veía peligrar el ya cercano turrón, se asienta un poco en el banquillo. Y Luis Enrique no quiso paños calientes en rueda de prensa. Exageró los méritos del rival y fue crítico consigo mismo y los suyos. Sin excusas. Del árbitro no quiso hablar, igual porque mañana en Bilbao pitará su hermano. No vaya a ser.

Sí quedó demostrado otra vez que si el Celta se queda con diez la descomposición es mayúscula. Es la tercera vez que ocurre y los esquemas de Luis Enrique se volvieron a estrellar. Los jugadores son incapaces de encadenar pases coherentes. Los rivales se encuentran con espacios y facilidades inquietantes. El símil del castillo de naipes se queda corto. Es quitar una carta y al equipo le ocurre lo de la Casa Usher o rememora el extraño caso del Señor Valdemar.

Es un problema que exige solución o confiar en que no vuelvan a expulsar a un jugador del campo. Visto el rasero arbitral habría que ponerse a trabajar. Igual Lucho tiene que dar descanso a algún jugador en las sesiones en A Madroa. No sé, un: "Mira, Mario. Creo que es mejor que mañana no subas hasta aquí, que no te conviene forzar", lo que sea; así entrenar con uno menos, verlo bien desde el andamio y tratar de corregir esa excesiva rigidez táctica que impide al Celta un plan B cuando no están todos sobre el césped. O ponerse con el juego de las sillas para calentar. Pero en esta semana tan ajustada y con Copa por el medio, no da tiempo a prepararlo para la visita de Osasuna.

Menos mal que los navarros vienen de reforzar su ánimo tras empatar con el Real Madrid. Un Madrid que estaba perdiendo pero que jugó mejor con diez que con once y logró igualar. La lección sobre Helenio Herrera no debía de ser la favorita de Luis Enrique en el curso de entrenadores.

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