Buscando culpables

Personificar las causas es un acto reflejo tras cualquier derrota. Los objetivos de las iras suelen ser habituales: Trencillas, entrenadores, directores técnicos, determinados jugadores... Hay donde escoger. Luego están las estadísticas, que dicen que Donosti no era una plaza propicia. También tienen su parte de responsabilidad. Segunda visita a Euskadi en un año de poco norte en Primera. En las dos el Celta se puso por delante. En ambas volvió de vacío. Aunque si hay que buscar comparaciones y semejanzas entre el partido de Anoeta y otro, quizá el más adecuado sería el trabajadísimo 1-2 en el Villamarín. Las vías de agua fueron similares, la pegada y la eficacia también. Si cambió el resultado fue porque el Betis de este año no es la Real, aunque aquel día sembrase el pánico. También influye que la expulsión del mediocentro, Oubiña en aquella madrugada de agosto, fuese en el 85'. 

Hay quien se puede agarrar a Muñiz Fernández. Es lógico, es un árbitro pésimo y encima engominado. Y se equivocó y nos indignó. Lo que muchos no recordarán es que el gol de Charles al Betis fue en un fuera de juego igual de clamoroso o más que el de Vela. Lejos de teorías conspiranoicas, la triste realidad es que la élite arbitral en España es la que es. Y el equitativo reparto de errores con el que se suelen terminar las temporadas nos dio aquellos tres puntos y nos dejó sin puntuar el sábado.

Luis Enrique es un blanco fácil. Lo primero por ser entrenador. Lo segundo por su carácter, una mezcla de chulería, ocultismo y hosquedad. Lo cierto es que llevamos 14 jornadas y el Celta de Luis Enrique, ese sintagma tan recurrente en la prensa madrileña y catalana, sigue siendo una incógnita en cuanto a resultados a pesar de que las variaciones esquemáticas han sido mínimas. Pero sus decisiones y omisiones, desde la pretemporada, traen cola.

Ciertos tics  del asturiano son reconocibles como distinguir a un ciclista en el pelotón por su pedaleo. Apuesta sin fisuras por la cantera más fresca y juvenil. Costas y Mina entraron ayer cuando el partido iba cuesta abajo y sin frenos, responsabilidad máxima. Mientras tanto, defenestra a la cantera a la que le empiezan a salir entradas y ya no tiene granos. Túñez sigue al Celta por internet en Israel, Jonathan Vila le saca rendimiento a su abono a las televisiones de pago. Dos centrales. La línea más lastimosa en San Sebastián, incluso cuando fueron tres.

Este globero e impopular Luis Enrique también ha traído momentos de brillantez absoluta. Málaga y Sevilla son sus obras maestras. Pero los resultados, el reflejo implacable del rendimiento de cualquier entrenador, sitúan su proyecto en el vagón de cola de la categoría empatado a puntos con penúltimo y antepenúltimo ¿Qué se le podría reprochar ciñéndonos al 4-3 del sábado? Por ejemplo que la defensa sin Túñez sea un muro de las lamentaciones. O quizá que Nolito se vaya siempre del campo con la sensación de que aún es demasiado pronto. La expulsión de Fontás terminó por asfixiar su ya estrecho margen de maniobra y aguante. Y poco más. 

Porque no hay mimbres. Lo que trajo la dirección deportiva, con Torrecilla al frente, ha sido lo que pidió el entrenador. También alguna iniciativa propia. Los titulares que se fueron, lo hicieron por dinero. De momento tampoco se puede hablar de fracaso estrepitoso de los nuevos, y más después del doblete de Rafinha ¿Tal vez Aurtenetxe? Recordemos que al que se ha silbado hasta el momento es a Toni. Lo que vino ha sido escaso en cantidad y la contención en el gasto provoca que se avecine el invierno con el radar de búsqueda de gangas imposibles a pleno rendimiento. 

Mientras tanto ahí está el Celta. Por si alguien lo pensaba, este año tampoco vamos a luchar por Europa. Segunda temporada consecutiva paseando por el alambre. Por presupuesto y por plantilla, basta un vistazo al banquillo, es lo que se puede esperar. El sobresaliente en economía, no nos lo quita nadie, como a toda madre de un hogar hipotecado que hace virguerías para poder llenar los platos cada día. Es también el valor en alza de su cantera y su afición, otra vez incansable haciendo kilómetros, la que nos hace ver el vaso desde abajo tan medio lleno. La culpa, pues, tampoco es de los padres ni de la sociedad. Si nos cansamos de buscar sospechosos, hay que mirar hacia delante: Almería, Valladolid y Osasuna seguidos. Doce, doce y trece puntos contra nuestra docena. Esto sí que es un Mortirolo, un Stelvio y un Passo Gavia, Luis Enrique.  

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS