Balaídos: viejos anhelos, mismos gafes

Se podría decir que Balaídos es lo equivalente a Javier Arenas en unas elecciones andaluzas o a Pilar Rubio en un programa nacional. Gafe. Al parecer la palabra gafe, de origen árabe, se comenzó a usar para denominar a aquellas personas convalecientes de “gafedad” o lepra. Fue así cómo la palabra gafe adquirió esa connotación negativa.

La de esta temporada no es la primera “maldición” de Balaídos como tal. Los parroquianos recordamos épocas de sequía propias del desierto de Gobi e incluso estratosféricas recolectas de ajo y cualquier otro amuleto divino auspiciadas por el propio club. El Celta-Alavés del año 2010 convirtió la zona trasera de la portería local en la sección de hortalizas de Gadis o cualquier campo de labranza minifundista del interior gallego.

¿Es Balaídos un estadio gafe?  Ateniéndonos a las cifras lo que es evidente es que se ha invertido por completo la tendencia del año pasado, cuando apenas se puntuó fuera de casa. Este año en el Municipal no ha visto ni una solo victoria, pero sí ha presenciado dos empates, y las últimas cuatro derrotas. En total 18 puntos se han escapado de casa, como si aquel profético apagón frente al Levante nos tratase de decir algo: Winter is coming, celtistas.

Sí es cierto que algo de esotérico puede haber porque el balón no entra ni con vaselina, pero los últimos partidos en casa, especialmente los del Rayo y Elche, han dejado al descubierto muchas más carencias que virtudes. Ya no vale el mascullado “es que mira que tenemos mala suerte”, la excusa por antonomasia de los perdedores.

Así que a una se le ocurren tres soluciones para no volver a pasar el último partido de temporada arañando paredes hasta el minuto 93 (con suerte): salir a por todas en Balaídos, sin extraños circunloquios tácticos y sin extrañas piruetas defensivas,  volver a recurrir a los ajos, o trasladar el estadio a Andalucía (a sabiendas que esto último puede resultar logísticamente más complicado y costoso). La historia nos cuenta que para conseguir la permanencia hay que hacer del campo local un muro infranqueable con foso. El foso ya lo tenemos. El problema es que el supuesto gafe del Celta, como los propios ajos, siempre se repite.  

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