La derrota del romántico

A veces, la naturaleza acompaña los estados de ánimo, como le pasaba a aquellos románticos que no conseguían el amor de la dama y los árboles lloraban al tiempo con ellos. Para el Celta, el partido contra el Rayo fue uno de esos momentos románticos de la temporada en el que el plomizo día trastoca las ilusiones y coloca unos pesos descomunales en las piernas y en las cabezas.

La lluvia de todo el día se había posado en las camisetas celestes y a pesar de la ilusión que se intuía en el ambiente de los alrededores de Balaídos, el Rayo llegaba radiante del sol madrileño. Mientras nos tomábamos una cerveza en el previo del partido, los pies se nos encharcaban cada vez que había que moverse fuera del bar a fumar un cigarro, y todos entramos en Balaídos con los pies empapados y resguardándonos de la mojadura bajo la piedra del estadio, que dejaba filtrar algunas gotas. Y así, empapados, empezaba el partido. 

La lluvia debería ser un colaborador necesario para el Celta, acostumbrado a empaparse unos cuantos meses del año, pero esa lluvia no era el fenómeno meteorológico habitual al noroeste, no. Era un reflejo del estado de las almas, de afición y de jugadores. Porque la humedad en el carácter se filtra hasta los huesos y los gritos de apoyo no salen tan potentes, o al menos no tan contundentes. Y es peor lo que le hace a los futbolistas, que los deprime y convierte sus piernas en alambres menudos y temblorosos. Esa debería ser, supongo, la explicación romántica al partido contra el Rayo; una empapadura cerebral y física que restó fuerza a la disposición que el Celta estaba teniendo en los partidos. Así, los llevó a ser dóciles en defensa hasta permitir un potencial 0-3 en la primera parte que se quedó en un solo gol en contra gracias a esos milagros cotidianos que tiene a veces el fútbol. Y seguro que estaba desarrollándose en la banda izquierda con más inquina, sobre todo para impedir que se haga un centro decente a lo largo de todo el partido. 

Consiguió que el balón fuese un enemigo para los centrocampistas, saliendo casi siempre disparado al lugar equivocado, a los de la camiseta negra con la franja roja cruzando el pecho o a la parte exterior del maldito campo. Especialmente cruel estuvo con Oubiña, que no solo no acertaba con el balón, sino que la humedad le desposeía de una de las cualidades que siempre mantiene, la ubicación. Deprimido y perdido por el campo, el capitán casi reflejaba la imagen más fiel de su equipo. 

La depresión también luchaba para descompasar los ataques, que fueron tan tímidos que a penas se atrevieron a presentarse en la portería del Rayo. Y Charles, el más deprimido de todos. Perdido en la isla entre dos troncos, tratando de dar sentido a las pocas veces que se le iluminaba la cara ante tanto desvarío. Esas malas vibraciones se arrastraron por el césped en busca de nuevas víctimas, como el reguero de sangre que anuncia la crónica de la muerte anunciada. Atrapó a Luís Enrique, que no tenía el andamio a mano, rodeó el banquillo y consiguió que la salida de Rafinha y Krohn-Dehli fuese tan estéril como una aspirina contra una depresión de caballo. 

La grada se sumió también en esos malos sentimientos, entre humedad y desesperación, que llevan a la depresión de no ver goles a favor y sí de recoger cestos llenos de tantos en contra. Tal era así, que la ilusión por los cambios se veía matizada y casi borrada por las críticas a un árbitro que, sin ser culpable de las malas sensaciones en las que navegaba el Celta por completo, sólo rizaba el rizo del loco con esas pequeñas puntualizaciones con las que tanto disfrutan los árbitros pero que tanto desesperan al ya casi deprimido en su propia casa.

Fueron las nubes y la lluvia que se bajaron al césped para deshonrar la ventaja del local y que trabajaron en la depresión del equipo incapaz de dar la cara cuando más le interesa. Fue el Celta más romántico que se dejó embaucar por el cielo gris para caer en la depresión más grave, la de la derrota sin paliativos ante el colista. 

Ah, yo salí también con la depresión encima.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS