Análisis del rival: Rayo Vallecano

Recibir tantos elogios dirigiendo a un equipo tan pequeño no es fácil. La temporada pasada, el Rayo Vallecano fue el tercer equipo de Europa con más posesión por partido (58%), sólo superado por dos clubes de la talla de Bayern Münich y FC Barcelona; el atractivo y vistoso fútbol del conjunto franjirrojo tienen en Paco Jémez a su principal ingeniero: el entrenador canario ha impuesto la salida limpia del balón como una máxima, renunciando totalmente a los balones en largo para iniciar la jugada. Después de su meritoria campaña 12/13, puede resultar difícil entender por qué el equipo madrileño llega a Vigo en horas tan bajas, aunque no tiene mucha ciencia: los vallecanos han perdido demasiadas piezas clave. Después de perder a goleadores como Michu, Diego Costa, Piti o Leo Baptistao, Jémez aún no ha encontrado al delantero ideal para su nuevo conjunto y esto se traduce en que los vallecanos sólo lleven ocho goles en liga, la segunda peor marca del torneo; además, tampoco han sabido suplir a Javi Fuego, pues el ahora mediocentro ché era el pilar sobre el que se sostenía el juego ofensivo y defensivo de los madrileños.

El sistema de Jémez es innegociable: 4-2-3-1, en el que ambos mediocentros son determinantes para que el Rayo no sufra. La característica más destacada del Rayo es su vocación ofensiva, llegando a colocar a todos los jugadores, a excepción del portero Rubén y los dos centrales, en las inmediaciones del área rival: los laterales aparecen como extremos para dar amplitud al campo y los mediocentros caen hacia dentro para asociarse con los delanteros. 

El problema de tomar tantos riesgos en ataque llega cuando no son capaces de finalizar la jugada y pierden el esférico durante la elaboración de la misma: al no haber apenas jugadores cerca del campo propio, el rival se encuentra con demasiados metros para correr. Además, la transición ataque-defensa del Rayo es bastante deficiente ya que, si el central más adelantado no logra cortar la jugada mediante una falta o una recuperación, el equipo deberá realizar el repliegue a toda prisa, corriendo y mal, pues lo realizan los jugadores que más cerca estén del hombre con balón.

En caso de que el rival tenga que iniciar la jugada desde su propio campo, el Rayo vuelve a intentar recuperar la posesión lo más rápido posible. Para ello realiza una presión muy adelantada, impidiendo que el rival no pueda combinar ni en la línea defensiva y forzándolo a mandar balones largos. La presión se realiza en 4-2-4, con todos los jugadores muy adelantados y los mediapuntas y el delantero marcando muy de cerca a cada defensa rival. Sin embargo, es muy fácil contrarrestarla si algún mediocentro se coloca provisionalmente en un carril lateral para dar amplitud al juego. Además, en caso de contar con un delantero que vaya bien por arriba, capaz de bajar unos cuantos balones por alto cada partido, gran parte del sistema defensivo de los de Jémez queda completamente desarbolado.

Así mismo, el equipo de Jémez sufre mucho en jugadas a balón parado, un poco raro si tenemos en cuenta que sacan petróleo de cada acción ofensiva de estrategia. La zona mixta de los madrileños deja muchos huecos en la zona central del área cuando se divide la zaga al realizarse los bloqueos y las pantallas. En ataque muchas veces suelen jugar el balón en corto para que la defensa recule y, en el momento del centro, evitar que haya jugadores en fuera de juego en el corazón del área.

XI tipo del Rayo:

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