Los motivos de Luis Enrique

Domingo, mañana soleada, estadio Vicente Calderón, tendencias contrarias y olor a fútbol. Partido difícil para un Celta que transmite peores sensaciones que cuando cambiábamos la playa por un asiento de plástico con la ilusión de todo inicio de proyecto. Desconocíamos si el juego se asemejaría al de las primeras jornadas o al mostrado frente a Getafe y Elche. Lo cierto es que fue un partido totalmente diferente que tras revisionarlo, no me parece tan negativo como pensaba desde las orillas del Manzanares.

 

El Celta partía una vez más con novedades en el once: Krohn Dehli como interior, Augusto de extremo izquierdo y Rafinha en derecha. La intencionalidad de estas medidas es múltiple, pero con una clara prioridad: proteger los costados. El Atlético cuenta con dos laterales muy largos que dan profundidad al equipo. Juanfran es rápido, buen centrador y con cambio de ritmo. Luis Enrique colocó a Augusto en la izquierda para que defendiese sus subidas y ayudase a Toni, peor defensor que Hugo, el lateral de la banda que, por costumbre, corresponde al argentino. Filipe es capaz de sorprender apareciendo, pero también estando. Es buen driblador, con cambio de ritmo, buena asociación  y peligrosos centros. El técnico celeste encomendó a Rafinha la tarea de perseguirlo. Así, ambas medidas tienen una finalidad común: evitar que el conjunto del Cholo generase situaciones de 2 contra 1 y superioridades laterales. Además, la situación del brasileño, más pegado a la línea de cal que de costumbre, puede obedecer a  la mayor facilidad para recibir balones en los laterales que en el centro. Entonces, con balón, se pretendía que el paulistano generase ventajas.  Esto no fue así, pues cada recepción y giro de Rafinha era abortado por los mediocentros atléticos, conocedores de que casi siempre intenta el dribbling hacia la izquierda.

Durante los primeros 45 minutos el dominio fue colchonero y el Celta se mostró incapaz siquiera de realizar un tiro a puerta. En estos minutos, la presión céltica comenzó en el centro del campo y conforme se intensificaron los ataques atléticos fue hundiéndose, cual clavo que está siendo martillado con firmeza, hasta que no cabía un alfiler entre la defensa y el centro del campo. Esto provocaba que cuando el conjunto de Luis Enrique robaba, solamente Charles estaba por delante de balón, y éste no fue capaz, en ninguna ocasión, de que su equipo transitase por medio de él. De este modo, durante muchos minutos el Celta pareció una goma vieja, inelástica, incapaz de estirarse tras robo.

Con el inicio de la segunda mitad el Celta perdió su rigidez y fue más enérgico, vital y ambicioso. Se estiró, adelantó todas sus líneas y sumó hombres al ataque. En este contexto, el Atlético encontró en el balón directo a Diego Costa un arma de ataque muy potente. Así llegaron ocasiones claras para los locales y el segundo gol del hombre más en forma de la liga, pero también fueron los mejores momentos del Celta. Es cierto que el equipo del Manzanares llevaba muchos partidos seguidos de elevado desgaste sin rotar y que el cambio de Óliver (quien suma poco sin balón) empeoró la presión atlética; pero el conjunto gallego creó peligro, sobre todo por banda izquierda, donde la recolocación de Rafinha como interior zurdo,  la entrada de Nolito y el vuelo de Toni fueron las claves del crecimiento del Celta. Sin embargo, como toda comedia romántica americana que se precie, el desenlace de estos ataques es por todos conocido: centro bombeado de Toni que no encuentra rematador. Solamente uno de los catorce centros que intentó llegó a un compañero suyo. Esta falta de improvisación y alternativas lleva a los ataques vigueses sistemáticamente al fracaso.

Por último, cabe resaltar que una vez más esta temporada el Celta consiguió terminar el partido en área rival, con el cuchillo apretado entre los dientes, siendo ambicioso y yendo a buscar la victoria. En este sentido, es fácilmente observable cómo el equipo se contagia del carácter de su técnico, luchador infatigable, ganador incesante e inconformista por naturaleza.

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