Un puzle descolocado

El Celta volvió a ser un equipo de dos caras en el Vicente Calderón, como ya sucediese por ejemplo una semana antes en Balaídos ante el Elche. El equipo de Luis Enrique firmó 70 minutos para olvidar y sólo 20 siendo él mismo. Al igual que ante el conjunto ilicitano lo hizo cuando ya tenía el encuentro perdido, a la desesperada.

No fue esta, sin embargo, la única similitud que se pudo encontrar con otras derrotas del equipo esta campaña, ni con errores cometidos con anterioridad y repetidos el domingo en el coliseo rojiblanco.

También en el Calderón volvió a pecar de demasiado revolucionario el once presentado por Luis Enrique. No por nombres, a diferencia de Getafe, sino por un excesivo cambio de posiciones naturales de sus futbolistas, algo que ya hemos visto a menudo esta campaña con el técnico asturiano. En su afán por reforzar el costado zurdo de su equipo, dónde Toni podía, presumiblemente, sufrir ante otro extremo reconvertido a lateral como Juanfran, el preparador olívico optó por colocar a Augusto en la izquierda. El argentino se sacrificó atrás tanto como de costumbre, pero con balón se le notó completamente perdido a banda cambiada. Por su costado, el derecho, volvió a actuar Rafinha, como ya hiciese en el Coliseo Alfonso Pérez, repitiendo una actuación muy alejada de lo que de él se espera.

Quizás, el brasileño represente mejor que nadie esa desestructuración de piezas del once que Luis Enrique presentó ante el Atlético, pues coincidió el cambio de cara del equipo con su retorno al eje del juego a falta de 20 minutos para el final del encuentro. En el fragor del partido, sin esconderse en la banda, Rafinha pidió el balón constantemente y pareció un jugador diferente. Con más confianza, con más ganas, con más acierto. En definitiva, fue él mismo, en su sitio natural, dónde mejor sabe jugar.

El Celta notó, considerablemente, el enésimo experimento de su técnico, más allá de que en frente hubiese un rival de enorme envergadura, en un escenario en el que la lógica invitaba de antemano a no ser optimistas.

El próximo duelo, en casa ante el Levante, se presenta a priori como un choque más equilibrado. Llevárselo, puede depender en gran medida de que el cuadro celeste presente también un once compensado sobre el campo y de que sea él mismo desde el principio. Sin inventos, sin reconversiones, más allá de las que parecen fijas para esta campaña, como en los casos de Toni y Fontàs (y tal vez también de Aurtenetxe).  

Propiciados, posiblemente, por un fondo de armario menor del que el técnico desearía disponer, los intentos del preparador asturiano de reinventar a sus futbolistas para ampliar sus opciones, no están más que lastrando, al menos de momento, al equipo. Es cierto que la plantilla no es extensa, por eso casi mejor aprovechar lo que tenemos, y no esconderlo ni incomodarlo en posiciones y roles nuevos. El juego del equipo, como un puzle, sólo encaja colocado. 

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