Un sistema que se agota

La ilusión generada por el juego olívico en las primeras jornadas ha ido tornándose en un mar de dudas, dejando paso a un equipo al que los rivales le han cogido la medida a la hora de contrarrestar su elaboración desde atrás.

Ello ha repercutido en un punto de los últimos doce en juego y en tres encuentros sin ver portería y sin casi crear ocasiones más allá del arreón final que el equipo presentó ayer ante el Elche durante los últimos veinte minutos. En eso ha recordado, en estas últimas jornadas, al equipo que tanto vimos la pasada campaña, apático y atascado hasta verse por detrás en el marcador.

Y es que a una vía frenada por la táctica rival se le ha sumado un cierto agotamiento de ideas y falta de intensidad en la creación. Rafinha continúa apareciendo demasiado lejos del área, motivado por una idea que se genera, de por sí, excesivamente atrás, con Borja Oubiña limitando en demasía su recorrido para elaborar. Mientras a los extremos los anula el rival.

El Elche siguió ayer, inteligentemente, el camino marcado por el Villarreal hace una semana,  cerrando el carril central, encimando a Rafinha y Álex, y masificando sus esfuerzos en las ayudas a los laterales para generar siempre superioridad ante los extremos del Celta, dejando a Toni y Mallo como únicas soluciones para el ataque olívico.

Permitidos a propósito, los laterales celestes encontraron ayer mucho terreno por delante para incorporarse al ataque y colgar centros al área. El Celta insistió en ello, especialmente por la izquierda, desde dónde Toni bombardeó la retaguardia ilicitana. A ojo, pudo rondar los 20 centros. Ninguno encontró rematador.

En eso se está convirtiendo este Celta a pasos agigantados. Un bucle de juego tan insistente en la misma idea como plomizo y fácil de contrarrestar. Tan previsible como mal ejecutado. Un ejercicio en el que uno añora la capacidad creativa vista a este equipo en las primeras jornadas. El fútbol de esta plantilla no se ha ido, sólo hay que recuperarlo, desatarlo de la cadena que lo aferra y dejarlo fluir. Volver a acercar las piezas. Tal vez cambiar un sistema que las aleja y limita su potencial, que parece obsoleto, captado por el contrario, o simplemente inadecuado para los futbolistas de los que se dispone sobre el campo. 

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