El sacrificio de Getafe

No ha sido Getafe un lugar propicio para el Celta en las dos últimas campañas. De la anterior, salió la destitución de Paco Herrera tras ver a un equipo sin compromiso con su técnico que firmó un partido sin ambición cuando se jugaba la vida. Esta campaña, el encuentro llegó mucho antes de poder ser trascendente, pero lo que nos deja, el peor rendimiento del equipo en lo que va de temporada, tampoco es muy halagüeño.

En caliente pareció que Luis Enrique y el Celta tiraron el encuentro del Coliseo Alfonso Pérez, rechazando la opción de ir a por el partido, pensando más en el estado del equipo de cara a competir por la victoria mañana mismo en Balaídos ante el Elche. Las bajas de Augusto, Nolito y Hugo Mallo parecían suficientes puestos claves a cubrir, para ir más allá y realizar 7 cambios respecto al once que partió de inicio ante el Villarreal. Rotaciones sí, pero controladas, pensamos casi todos, a quiénes la alineación nos pareció más propia de un partido de Copa del Rey sin mucha ambición en él, que a una jornada de Liga. Sin embargo, los puntos del jueves y los de mañana, valían lo mismo en la clasificación.

Analizado el once más en frío, se entiende que el técnico olívico quisiese darle descanso a Charles  a toda costa, pero la razón para hacerlo, ser el único delantero centro de garantías del equipo, es precisamente el mayor lastre de la plantilla. El Celta presentó en Getafe un equipo cambiado, pero considerablemente solvente, de medio campo hacia atrás. Sin embargo, pareció carecer del mínimo atisbo de esperanza arriba, con Rafinha demasiado escorado a banda, dónde le cuesta hacerse partícipe del juego, y con Orellana y David Rodríguez sin aprovechar sus respectivas oportunidades para hacernos dudar sobre sus actuales papeles en el equipo.

Sin opciones arriba, el Celta quedó prácticamente condenado a buscar el empate. Así, el conjunto olívico aguantó el envite en la primera mitad hasta el filo del descanso, sin pasar apuros, contra un rival que tampoco proponía mucho más, pero que sí disponía de más armas para llevarse el encuentro. Los dos mazazos locales desde los córneres, en momentos además claves, pusieron el partido muy cuesta arriba, sin haberlo merecido en exceso. Y claro, después no quedaba solución. Sin armas delante, el Celta del segundo tiempo fue un equipo desesperanzado, esperando el paso de los minutos, lo que acabó por convertirse en una imagen de actuación esperpéntica en general del bloque celeste. Lo fue ciertamente a partir de ahí, pero antes vimos buenos minutos de algunos futbolistas, como Madinda o Jonny, gran damnificado en las rotaciones del técnico hasta la desafortunada lesión de Bellvís.

Esperemos que el sacrificio que el entrenador asturiano presentó en Getafe, tenga su recompensa mañana mismo en casa ante el Elche. De ser así, el encuentro del jueves posiblemente quede en anécdota y en una oportunidad para muchos que la mayoría desaprovecharon. Si no, habremos tirado un partido para nada. 

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