Análisis del rival: Getafe C.F.

Ha sido un mal verano para el Getafe. El conjunto azulón terminó la pasada temporada, como viene siendo habitual, en tierra de nadie pero con la sensación de que el bloque de jugadores que formaron podía hacer que aspirasen de nuevo a Europa, zona de la que, expulsiones del TAS y sanciones varias aparte, se quedaron a diez puntos. Sin embargo, la desbandada de talentos en la localidad madrileña ha dejado muy tocado a equipo de Luís García Plaza, que ya no cuenta entre sus filas a jugadores como Xavi Torres, Álvaro Vázquez y, sobre todo, el talentoso Abdel Barrada. Han incorporado a buenos jugadores como Roberto Lago o Lisandro López, pero los azulones están todavía lejos del nivel esperado.

A lo largo de estas jornadas hemos podido apreciar que Luís García tiene un sistema muy definido y un once inicial muy definido, casi invariable. El Getafe forma en un 4-2-3-1 clásico con dos laterales largos, doble pivote, un enganche y jugadores de banda a los que les gusta meterse hacia el carril central, bien para colocar el balón atrás, bien para poner a prueba al portero rival. El técnico madrileño ha formado un bloque con mucho talento individual, pero una mínima compenetración como equipo: es un conjunto al que se le ve abusar mucho de la jugada individual y que sufre cuando toca replegarse y, sobre todo, en las jugadas a balón parado. El marcaje al hombre que realiza la defensa getafense en las jugadas de estrategia, sumada a la poca compenetración entre ellos y a la corta estatura del equipo, hace que los equipos les generen tanto problema a balón parado. Las pantallas y bloqueos dejan muy expuestas las marcas getafenses, que ven en multitud de ocasiones como su segundo palo es donde el rival encuentra petróleo.

Defensivamente hablando estamos ante un equipo muy endeble. Los defensas azulones tienden al error en la marca y son el sueño húmedo de los delanteros que buscan la espalda de la zaga. La colocación de los defensores getafenses es muy defectuosa y prácticamente carecen de agresividad y contundencia. Uno de los mayores errores del entramado defensivo azulón es el encerrarse en el área ante los ataques rivales, dejando mucho espacio en las bandas y en la frontal del área; este error se acentúa más si, como es el caso, los dos mediocentros se sitúan casi como centrales, dejando muchísimo espacio en la zona de rechace. Los jugadores de ataque rara vez suelen bajar hasta el área, así que es comprensible que el conjunto azulón sufra tanto en defensa. Hasta la fecha las grandísimas actuaciones de Miguel Ángel Moyá están salvando al equipo de destrozos mayores; el portero mallorquín llega al choque frente al Celta en un estado de forma envidiable, siendo el mejor jugador de su equipo y con una media de casi ocho intervenciones por encuentro.

Luís García, por lo tanto, ha decidido en sus planteamientos esperar al error del rival para salir a la contra. Lafita, Pedro León y Diego Castro son los tres atacantes que forman por delante del doble pivote y su velocidad y talento les permite plantarse en zonas peligrosas en poco tiempo; como ya dijimos antes, este trío de jugadores suele abusar de las jugadas individuales, pero no por eso son un peligro menor para la defensa celeste. Uno de sus movimientos más dañinos es colocar a dos hombres en zona de rechace para aprovechar el buen disparo que atesoran en caso de que haya algún balón suelto. El punta getafense ha ido variando a lo largo de las jornadas pasando de ser Colunga a ser el venezolano Miku, que sonó para el Celta este verano. El segundo le ha comido la tostada al primero, que siempre ha aprovechado mejor su movilidad partiendo desde la banda y teniendo una referencia unos metros por delante suya.

 

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