El canto en los dientes

La mala noticia: fue el peor partido del Celta de Luis Enrique. La buena: un punto que el año pasado hubiese sido un cero en el casillero y, quizás, un par de goles en contra. La mala noticia: que falló no sólo la puntería, sino sobre todo la capacidad de generar ocasiones de gol, algo que este Celta acostumbraba a hacer. La buena: que fue el primer partido de la temporada con el marcador a cero y que Yoel confirmó que sus buenas actuaciones hasta ahora se han convertido en norma. 

En medio del yin y el yang, entre la cara amarga de un equipo superado y la conclusión positiva que se saca de un punto, vivió el Celta 90 minutos. El final entregaba el tercer empate en casa y una clasificación en la tabla que cualquiera con dos dedos de frente firmaría a final de temporada; zona templada, sin riesgos y con poco que buscar arriba, para relajarse y dejar que el protagonista sea el juego, el balón y la tranquilidad de verse bien ubicado para seguir un año más en primera. 

El defecto que le surge a esta tesis es que hablamos de la quinta jornada de liga y que queda mucho para confirmar una, por ahora, ilusoria posición. Y es que parece que en Balaídos aún cuesta arrancar; y lo que se pierde en casa, hay que ganarlo fuera por definición. Pero sin llevarse las manos a la cabeza, el Villarreal fue mucho más y mejor equipo que el Celta, a pesar de que Luis Enrique parecía haber diseñado el partido para contrarrestar el poder ofensivo del equipo de Marcelino. Así que sorprendía con Fontás repitiendo el papel de medio centro en casa aunque esta vez no era por la baja de Oubiña, sino que parecía un planteamiento para aferrar la defensa; de hecho, se colocaba entre los centrales para sacar el balón y recibir las estocadas ordenadas del Villarreal. Pero los amarillos tuvieron más tino en los ataques lanzados desde atrás que en las jugadas elaboradas. Era una constante el ganarle la espalda a los dos centrales del Celta y la labor de Fontás quedaba reducida a una cobertura del centro ante el discurso de Bruno, que casi no encontró oposición para sacar la batuta. 

En ataque, la opción fue Santi Mina escorado a la izquierda en lugar de un Nolito que se desdibuja demasiado con el paso de los minutos. El canterano es un delantero de esos de caer a la banda, fuerte y con remate, pero otra cosa es que sepa desarrollar sus virtudes partiendo desde la línea en lugar de jugar al despiste con la defensa. Y se encontró pocas veces con Charles, que esta vez no conectaba para bajar el balón y dar aire al ataque de la manera tan brillante que mostró en sus primeros partidos. 

A la ecuación se sumaron las múltiples imprecisiones en los pases, en las coberturas y en los disparos, y sólo Toni fue capaz de atinar entre los tres palos a balón parado. Y en las imprecisiones, el que se llevó la palma era Hugo Mallo, que parece un canterano debutando en lugar de capitán. Una mala tarde que tiene cualquiera, por supuesto, aunque este principio de temporada no está siendo el mejor. 

El resumen es que el punto es un canto en los dientes con el que no siempre te encuentras, porque Jonathan Pereira pudo hacer sangre en su patria en alguna de las muchas ocasiones que generó, superando siempre en velocidad a quien se le pusiese como marcador. Pero la suerte, esa que luego se echa en falta, estaba de cara y Yoel se llevaba el premio de no ceder ni un segundo ante las llegadas claras del Villarreal. 

El acopio de puntos hasta ahora es un punto de partida. Sobre todo para encarar dos partidos que pueden marcar el signo de la primera vuelta: ante el Getafe, para refrendar la buena imagen fuera de casa ante un equipo que ha comenzado renqueante la temporada; y ante el Elche, que como recién ascendido está pagando algunas novatadas en forma de goles. 

Un punto de los que suman a final de temporada. Sin más. 

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