Caras nuevas, errores viejos

Ha sido un mercado de fichajes movido en Casa Celta. Cinco nuevos jugadores han llegado a la ciudad olívica durante este verano, mientras que otros once, tres de ellos cedidos, han decidido probar fortuna en otros lugares. Tras agotarse ayer el plazo para formalizar cualquier operación entre clubes, el club vigués cierra el período de traspasos siendo un equipo muy distinto al que se salvó por los pelos en la última jornada de la pasada temporada. Sin embargo, a pesar de todas las nuevas caras que han llegado a Vigo, el Celta ha vuelto a cometer los mismos errores que les llevó a sufrir hasta el último minuto del último partido.

Es una plantilla más competitiva que la del pasado curso, que es difícil haber empezado mejor y que hay talento para hacer cosas interesantes. La gran estrella del proyecto ha emigrado a las islas británicas, pero al contrario de lo que se podría llegar a pensar, no se está notando tanto la marcha de Iago Aspas. El delantero moañés era principio y fin de todo el entramado ofensivo celeste, iniciaba la jugada y él mismo la finalizaba, en sus hombros recaía la responsabilidad goleadora y la creativa, y cuando él no estaba el Celta sufría para generar peligro. Ya no hay un jugador como Iago en Vigo, pero el equipo ha dado un gran paso adelante. El estilo de Luís Enrique facilita que esa responsabilidad se reparta (aunque Charles se quede con la mayor parte), favorece a los jugadores que había en plantilla y se amolda perfectamente a los que acaban de llegar. 

Fontàs fue el primero en aterrizar en Vigo y ya ha jugado tanto de central como de mediocentro defensivo, con mejor resultado en esta última posición. Quizás el mejor fichaje, que no el más destacado, sea el de Charles, que le da al Celta algo que le faltaba el año pasado: una referencia ofensiva, un rematador, un hombre fuerte en el juego aéreo, un killer del área para acompañar a un delantero móvil como Iago... pero es que Charles también es un jugador móvil y le gusta caer a banda para crear espacios; un fichaje total. Nolito, sin estar a tope físicamente, ya consigue generar desequlibrios en las defensas rivales e intenta cosas diferentes al resto; le falta el acierto que ha tenido en etapas pasadas, pero parece cuestión de tiempo. Rafinha ha sido el gran fichaje mediático, el nombre del verano, el deseado por la afición... y con razón: potencia, velocidad, llegada y regate al servicio de Luís Enrique, de momento ha celebrado su primera titularidad con un gol y no será el último. El último en llegar ha sido Aurtenetxe, que responde al perfil de jugador polivalente que tanto buscaban en plaza de España; en su estreno como central se lo ha visto mucho más seguro que a Fontàs y no sería extraño verlo ahí a menudo ya que la banda izquierda parece que tiene dueño.

Sin embargo y pese al gran salto de calidad que ha dado este Celta, hay en cosas en las que no se aleja demasiado del mismo Celta que salvó los muebles por los pelos. El principal problema es que la plantilla es corta, muy corta. Sin contar a Samuel y Bermejo, lesionados de larga duración, y jugadores como Rubén o Santi Mina, el Celta cuenta con 20 jugadores en plantilla. De esos 20, Luís Enrique no cuenta con Andrés Túñez, Jonathan Vila y Fabián Orellana; 17. Dicho de otra forma, no se podría rellenar una convocatoria con jugadores del primer equipo sin contar con los descartes. Lo dicho, una plantilla excesivamente corta y sin recambios de garantías para puestos clave. Pero sería corta con o sin los fichajes ya que, pese a la multitud de recursos en posiciones defensivas, conforme se avanzan metros en el campo se pueden advertir las carencias del Celta, especialmente en la parcela ofensiva donde David Rodríguez es el único recambio para los atacantes celestes. Carencias que podrían haber sido subsanadas con una buena planificación deportiva.

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