Sin puntería ni banquillo

La sinfonía celeste rozó ayer la excelencia sobre el césped de Balaídos. El equipo de Luis Enrique confirmó los mejores presagios acerca de la calidad asociativa de esta plantilla y el hambre por lucir en Primera División, regalándole a su parroquia 90 minutos de un fútbol exquisito que sólo empañó el resultado.

Fue el del conjunto vigués un encuentro al más puro estilo del mejor Celta de la historia, aquel que llegaba sin cesar sobre el marco contrario, dominando el encuentro de cabo a rabo, y era capaz de perder. Aquel que más de una vez se colocó líder virtual de Primera, algo que el empate ante el Granada impidió ayer.

El recital vigués llega mucho antes de lo que ninguno pudiésemos imaginar de antemano, tras sólo dos encuentros previos en Liga, como reconocía Luis Enrique al término del duelo ante el Granada, lo que transforma el desempeño celeste de ayer en el terreno de juego en una incontenible y justificada ilusión entre el celtismo. Sin embargo, faltó la puntilla, sentenciar al rival y conseguir los tres puntos. El juego olívico levantó pasiones, pero el empate supo a muy poco.

La culpa de ello la tuvieron, la puntería celeste, que no consiguió encontrar el camino del segundo tanto entre la infinidad de ocasiones ante la meta de Roberto; una buena contra del Granada, que golpeó en su único acercamiento; y el fondo de armario con el que cuenta el técnico a día de hoy, tras poner un ritmo trepidante hasta el gol visitante. En ese momento al equipo le faltó frescura para asolar la meta contraria, pero en el banco no había mucho donde elegir para revolucionar de nuevo el encuentro. Krohn, David y Madinda, a la postre los tres que entraron, era lo que podía vislumbrarse como opción para intentar cambiar algo. Demasiado escaso.

Con todo, el Celta lo intentó y achuchó al Granada hasta el final. Sin fuerzas, pero tremendamente ambicioso y orgulloso en su esfuerzo. Algo más de suerte, quizás de la que se benefició el equipo vigués en el Villamarín durante la primera parte, y sangre fresca desde el banquillo, habrían servido ayer para dejarnos un resultado más acorde a la propuesta olívica y haber sumado dos puntos más.

Al club le quedan ahora un escaso día y medio para reflexionar acerca de los mimbres con los que quiere que Luis Enrique afronte la travesía. Si, contra todo pronóstico a estas alturas, llega alguien que aporte un extra a la definición y/o creación celestes, se agradecerá en los resultados. Si no, habrá que conformarse con esperar más acierto la próxima vez. Bendita condena, mientras la propuesta y el juego celestes sean los de ayer

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