Éste es mi ocho

Es difícil no ser de Álex López. Humilde, trabajador, tenaz, mágico y diferente. Un chico de la calle, alejado de las cámaras y de la vorágine mediática en la que otros viven. Quizá lo bueno de tener un nombre tan de a pie. Tan de amigo. Tras una esplendorosa temporada en Segunda División, donde se erigió como una de las piezas claves en el ascenso con Paco Herrera, el año pasado una difícil adaptación a la élite le costó numerosas críticas. No era ese futbolista explosivo al que tanto tentaron equipos de primer nivel en más de un mercado veraniego.

La llegada de Rafinha incrementaba más si cabe la competencia en el centro del campo. Con Borja Oubiña y Krohn-Dehli, amén del menor de los Alcántara, las posibilidades para que Álex fuera titular habían disminuido considerablemente. La pretemporada del ferrolano no fue para tirar cohetes, pero poco importó julio. Cuando llegó lo importante, lo de verdad, se creció. El 8 es un futbolista total. Chispa, potencia, imaginación y un tiro exterior que da aún más recursos al potencial ofensivo de este Celta. Ayer completó un soberbio encuentro. Sólo el gol -dos lanzamientos al palo- se le resistió. Sin Oubiña en el pivote y con un Fontàs cumplidor pero plano, el ferrolano tomó el mando. No le fallaron ni las fuerzas. Organizó juego, surtió de balones al tridente ofensivo e hizo lo que más le divierte: sumarse al ataque como un delantero más.

Su gran nivel le crea un problema -bendito problema- a Luis Enrique. Los centrocampistas de este equipo demuestran a base de fútbol que deben ser titulares. El problema es que sólo juegan tres. Ayer se coronó Álex, rebelándose contra los que lo situaban en el banquillo antes de tiempo. Le ha llegado su hora. Debe demostrar en Primera su infinita calidad y su excelso toque de balón. Se estrenó con gol en la primera jornada y ayer fue el capitán general. Con él en estado de gracia, este equipo va a más.

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