Lunes de trabajo

El partido del Celta vivió entre dos días y entre dos estados de ánimo. El del domingo, día perezoso, de angustia pre laboral, de sofá, manta y telefilme; y el del lunes, de vuelta al trabajo, de encarrilar la semana y activar los músculos. Es lo que tiene el fútbol con pijama.

En estado propio del reino de la somnolencia, asistimos a un primer tiempo en el que el Betis parecía dispuesto a cerrar el fin de semana con una última fiesta, que había trasladado al domingo. Vayan a saber si el lunes era festivo en Sevilla, pero las ganas de juerga eran evidentes. Cedrick quería refrendar su actuación en el Bernabeu y Verdú se subió al coche para llevarse de marcha a los demás. En frente, los taciturnos celtistas solicitaban descanso ante el botellón que el Betis montaba debajo de su portal.

Sólo uno mantenía con arrojo el escudo; era el portero, el que no iba a permitir que alguien no invitado a la fiesta traspase la línea que protegía. Yoel lanzaba manos que paraban las intenciones del grupo de fiesteros que Mel había puesto en liza. Como si portasen calcetines blancos con zapato negro: “No, aquí no vais a entrar”. Pero lo seguían intentando. Desde las bandas y por el centro, la defensa sufría, como el que remite sus problemas estomacales al sábado. En el centro, Oubiña naufragaba en la soledad de un ancho verde en el que Nosa y Matilla dirigían las acciones y donde Álex López y Krohn-Dehli servían de poca ayuda.

Algún contrataque y algún disparo sí que tuvo el Celta. De la mano de Toni, que sigue con el largo proceso de adaptación al medio (vamos, como si pretendes que un pez viva fuera del agua tranquilamente; eso lleva su tiempo), se lanzaron en busca de la tranquilidad de la noche festiva del domingo. Pero no fructificaba ni la superioridad de celestes sobre verdiblancos.

El ambiente discotequero del domingo reinaba en el Villamarín al son que marcaban los ‘uys’ de la grada. Hasta el larguero se estremeció por el arrojo del Betis. Pero para todo estaba Yoel, haciendo su trabajo como una noche más en la que nadie se puede pasar de la raya.

Y la raya se traspasó al llegar el lunes. El Celta salió en el segundo tiempo con el mono de trabajo, después de una mala noche de domingo. Pero, claro, hay que trabajar para dar de comer a la familia. Así que Charles, que en el momento de la fiesta ajena era el que tenía los pies más puestos sobre el césped, primero avisó de que ya era día laborable rematando al palo y, después, remató a gol. Era en fuera de juego, pero tanta fiesta dominguera producía confusión.

El Celta continuó a lo suyo y al Betis le pesaba la cabeza después de la noche de un domingo poco fructífera. Nolito se aprovechó de las pocas horas de sueño de la defensa y de Sara para hacer el segundo gol. Cuatro goles de dos partidos sumaba el Celta y dejaba atrás esa maltrecha caminata por los campos ajenos que arrastró la temporada pasada.

El Betis se repuso con el apretón final que viene dado de la fuerza de tomarte un café con los compañeros; regresaron al césped con fuerza y atosigaron el buen trabajo hecho por los de Luís Enrique. Yoel ya no daba para más y Rubén Castro, que el domingo había tenido momentos de relax, hizo su trabajo.

Pero el lunes del Celta fue productivo y salió del Benito Villamarín con los tres primeros puntos de la temporada. A pesar del domingo, el lunes bastó para sacar las cosas hacia delante; y las sensaciones del Celta como alguien trabajador y responsable le dejan en buen lugar para seguir medrando en la empresa de la LFP.

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