En temporada

Angustia, ilusión, ganas y ejercicio físico. Eso, a grandes rasgos, es la pretemporada. No es ni un reflejo de la realidad ni, muchas veces, un faro que guíe la trayectoria de los equipos el resto del año. Los jugadores nuevos que llegan, los que se incorporan de las vacaciones, quizás un técnico nuevo y el traquetreo de los billetes que se cuentan para llevar a cabo nuevos fichajes no suelen ser buenos compañeros de viaje.

Y la pretemporada del Celta no fue un cúmulo de buenos augurios; pero, claro, no estábamos en temporada. En el proceso de coger la forma, con las piernas cargadas y la escasa tensión competitiva, Luis Enrique buscó la fórmula ideal para afrontar el duelo ante el Espanyol (precisamente, contra el que el Celta había cerrado la temporada pasada, invasión de campo incluida). Al principio fue un derrame de fichas sobre el tablero que no se soltaban, mientras los de Aguirre apretaban con Pizzi y Sergio García como cabezas visibles. Pero el paso de los minutos empezó a vislumbrar la idea que surgía de la cabeza del asturiano y se llevó cada vez más claramente al césped.

El equipo no es un ejemplo defensivo y Oubiña sufrirá como islote en el mediocampo, pero la acumulación de jugadores de calidad, con mentalidad vertical y toque en la línea de ataque le puede dar muchas alegrías al Celta, sobre todo en Balaídos. En esa maraña del centro, destacaba Alex López, que sigue dando los pasos seguros y firmes que dio en el último tramo de la última temporada, y Krohn Dehli, dispuesto a ser protagonista del juego. Y más arriba Charles, que si en esos entrenamientos que son los partidos de pretemporada no parecía adaptarse al ritmo del equipo, en su debut con el Celta hizo todo lo que se le pide a un punta: fijar a los centrales, aguantar el balón, descargar el juego y, como no, el gol. 

Pero antes se había adelantado el Celta con un tanto de Alex después de una 'laudrupada' de Krohn Dehli y dejaba el marcador de cara cuando el primer tiempo agotaba sus minutos. Y Charles lo hacía justo al comenzar la segunda parte. En esa tesitura, con 2-0 y el rival grogui, el Celta no acostumbra a manejarse; tampoco lo hizo con Luis Enrique. Todo el descaro y la velocidad se revolvió para transformarse en dos pasos atrás sin presión que dejaban al Espanyol como dueños del juego. Y salió Rafinha. Y el Celta recuperó sensaciones. Pero, como decía antes, la defensa se reblandece con la facilidad de un equipo juvenil. La cara la daba Cabral, pero Fontás rezumaba despistes y Toni acusaba tanto el físico como la falta de claridad de conceptos defensivos. Y eso que el partido del canterano mientras las piernas le dejaron fue más que aceptable. 

Pero fue clave el físico del equipo y el de un rival: Thievy. Con el Espanyol a un solo gol después del tanto de Víctor Sánchez, el joven francés empezó a destellar por el césped de Balaídos. Al otro lado estaba Rafinha; el hijo del antiguo ídolo dejó la sensación de que será de lo mejor que se pueda ver este año vestido de celeste e incluso tuvo la sentencia del partido con una jugada que repetía con la camiseta del Barça B habitualmente, pero el equipo se desenganchaba con el paso del tiempo. Y fue uno de los varios despistes el que los mató. Thievy no desperdició el favor. 

En la memoria quedó después el paradón de Casilla y en el camino los tres puntos.Pero si la pretemporada no significa nada, la primera jornada de campeonato es algo así como una presentación de ideas a desarrollar. Como un power point de lo que vas a mostrar a continuación. Con ajustes, con la ilusión que se generó a lo largo de muchos minutos y con la que debería ser obligada llegada de algún refuerzo, el sonido del Celta de Luis Enrique fue esperanzador; ya no por resultados o futuros objetivos, sino por devolver a Balaídos un fútbol de alegría que el año pasado costó encontrar, sobre todo cuando la situación era poco menos que halagüeña. 

La pretemporada son palabras; en temporada, ya son imágenes. Y es correcto decir que una imagen vale más que mil palabras. 

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