El empate del reflejo

Hace un par de años, durante la primera temporada de regreso a Primera, varios amigos comentábamos que ese Celta tenía que seguir el ejemplo de la Real Sociedad como equipo y como planteamiento deportivo del equipo. Esa Real Sociedad que había pasado unos años en Segunda y que había ido formando jugadores en la categoría de plata con vistas a fijar un núcleo duro de gente de la casa e ir rodeándolos de buenos jugadores que entendiesen el juego, las expectativas y la hoja de ruta marcada por el club. 

El año de su ascenso a Primera firmó un 15 puesto a tan solo 2 puntos del descenso; la siguiente, mitad de tabla en el 12º lugar; la tercera, una brillante cuarta plaza que les lleva jugar la Champions; y el año pasado, séptimos. La base del equipo se fue consolidando manteniendo a jugadores importantes y fichando para sustituir a los que dejaban el club. Esa escalada hacia los puestos nobles, bastante fulgurante, se cimentaba en una perfecta gestión, tanto en el campo como en el banquillo y los despachos. Era un camino a seguir para aquel Celta que agonizaría en la última jornada por mantenerse en Primera. 

Y el sábado, el Celta, con mayor grado de madurez y dando pequeños e importantes pasos para construir un equipo que pueda competir cada vez más y mejor, recibió la visita de ese espejo donde parecía mirarse el día que se asomó a la categoría máxima. Dos porteros de la casa, dos referentes (Rafinha y Griezmann) que habían abandonado el equipo, extremos rápidos e incisivos y laterales capaces de dar la cara en todo momento. Así, el partido comenzó con ese intercambio de miradas que no dan lugar a movimiento. Hasta que el Celta se desató. Vimos, quizás, los mejores minutos del equipo en los últimos años: verticalidad, presión agobiante en la salida del balón rival, transiciones y cambios de juego que rompían las líneas defensivas del rival. Falló el punto de mira, y el gol sólo lo alcanzó, irónicamente, Orellana, que no cuenta entre sus aptitudes la del remate de cabeza. Pero ese gol era un reflejo del fútbol por el que quiere apostar el Celta. Y Orellana se colocaba con 3 goles en liga en 3 partidos, tantos importantes en cada uno de ellos.

Con el 2-0, un click le saltó al equipo. Decía Berizzo en rueda de prensa que no creía que fuese falta de fuelle físico, sino que lo enfocó a algo más psicológico, como si el gol de la Real les espolease mientras que al Celta le sumiese en la desconfianza. La sensación en el campo era la de un equipo superado por el físico y las ganas del rival. La Real se travestía de celeste y empotró al Celta contra su propio área. Las salidas de los celestes no eran ya tan rápidas ni los remates tan certeros. En el debe del equipo quedaba esa pájara que sobrevino en el minuto 60; la Real logró empatar (y pudo ganar con el remate de cabeza del Chory Castro o si hubiesen dejado 10 minutos más de partido), igual que el Córdoba hace dos semanas, aprovechando esas lagunas que aún sufren los de Berizzo. Sin olvidar que el Getafe, hasta el tercer gol, rondó el empate. 

Parece claro que la idea del Celta y su puesta en escena es admirable, pero que los excesos físicos también tienen un coste alto. Hablaba también Berizzo de la madurez del equipo, algo que puede ser sintomático a la hora de no saber aguantar un resultado a favor. Y la Real, más madura y con las mismas convicciones del Celta, logró sacar adelante un partido que se le había complicado igual que lo hizo ante el Madrid. 

El partido deja algún herido. Sergio no estuvo contundente en los balones altos y su cara mostraba mucho nerviosismo en los minutos finales; Fontás equivocó la presión, perdió el sitio y terminó en gol de Jony, que poco tuvo que ver con el resultado. Preocupó algo la imagen de Hernández, poco adaptado y poco riguroso en el esfuerzo como sí lo estaban el resto. 

La Real mostró el camino al Celta, y en el duelo le enseñó que no se puede relajar el músculo tan pronto. La imagen fue compartida, por tiempos del partido, entre los dos equipos: un Celta brillante y una Real arrolladora al final. En algún momento, me dio la sensación de ver jugar al hermano pequeño contra el mayor, en esas etapas en las cuales ya no hay tanta diferencia de físico. El Celta empató contra su reflejo, contra el equipo que ha sabido dar los pasos correctos para consolidar sus ideas y que ahora desde Balaídos se le debería ver como un ejemplo a seguir. 

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