Balaídos, añorado por el Barcelona

La última victoria céltica frente al Barcelona en Balaídos se producía con unos jóvenes y casi inexpertos, Andrés Iniesta y Xavi Hernández vistiendo la blaugrana. Mirando hacia atrás, parece que hayan pasado siglos pero no. Corría la temporada 2003/2004 cuando Rijkaard dirigíó a los catalanes en Vigo.

Para el Barcelona, visitar la ciudad olívica ha sido, a lo largo del tiempo, significado de victoria. Dieciocho sobre dieciseis derrotas, las estadísticas dan como claro favorito a los de Tito Vilanova este sábado, pero conociendo el espíritu celeste, que no se rinde ante la adversidad, todo puede pasar.

Deco y Ronaldinho ayudaban a Puyol a levantar la segunda Champions del equipo ganada ante el Arsenal pero años antes, dirigidos por el holandés Frank Rijkaard visitaban Vigo con una sensación diferente. El mejor Ronaldinho, Javier Saviola o Luis Enrique eran derrotados por un Celta al que no le sirvió casi de nada.

Faltaban tres jornadas para el final de campeonato y los vigueses vivían su peor momento de la última década en una campaña que llevaba torcida desde el mes de diciembre. Llevando la situación a la actual, parece que compartimos semejanzas con aquel momento. La mayor diferencia es que el Celta actual llega tras un ascenso, un periodo largo en Segunda División y el de aquellos días, había conseguido clasificarse para jugar la Liga de Campeones en la temporada anterior.

Tal y como ahora, el equipo había despedido a finales de enero a su entrenador,Miguel Ángel Lotina. En ese caso concreto, Casa Celta recurrió a dos conocidos y de la casa: Moncho Carnero y Rafa Sáez. La necesidad por ganar el partido es de la misma intensidad.

A pase del Zar de Balaídos, Mostovoi, el brasileño Edu batía a Valdés con un tiro raso y ajustado a la base del poste derecho a unos minutos del descanso. Luccin robaba un penalti al inicio de la segunda parte y Juanfran, sacaba bajo el travesaño, un remate de Saviola a cuatro minutos del final. Ronaldinho, el megacrack  de los catalanes, pasó sin pena ni gloria por el encuentro, marcado duramente por el defensa argentino Sebastián Méndez que defendía la celeste.

La victoria sacó al Celta del descenso tras ocupar durante diez jornadas consecutivas los puestos bajos de la tabla clasificatoria. Y tal y como viven en la actualidad, pasaron a depender de sí mismos pero solamente con dos jornadas por delante.

El paralelismo con aquella temporada la cierra una imagen lamentable en A Coruña. Tras lograr casi lo imposible, viajaban a Riazor donde se terminaría el sueño. El Deportivo humilló a su rival por excelencia en un choque de los que se recuerdan como los peores en la historia del fútbol gallego.  
 

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