Solari, un llegador renacido

Augusto Solari (Rosario, 1992) es una incorporación socorrida para el Celta. Jugador de banda, menudo y de zancada corta, representa la antítesis del jugador que ahora ocupa su demarcación, Brais Méndez. Será de ayuda en un equipo que busca un plan alternativo, que carece de efectivos y, más importante, de atacantes capaces de llevar a la práctica la idea del Chacho Coudet. Para ello, deberá dar un salto cualitativo que le permita salvar la distancia con el fútbol argentino, menos disciplinado, y contar con minutos con los que compensar una temporada de escasa actividad. 

En detalle, la segunda incorporación invernal es la de un diestro fino y explosivo, regular en el trabajo y discreto en la aportación de goles y asistencias. Debe vérsele como un perfil secundario, enlace entre la zona de creación y la delantera. En esa misión, aporta movimientos con sentido colectivo, generando y explotando espacios, en especial de fuera a dentro, aunque cumple con creces en el carril central, en apoyo y en llegada. 

Nunca indiscutible, Solari creció despacio, y carece de la experiencia que se esperaría de alguien con tantas temporadas a sus espaldas. No obstante, el rendimiento ha ido en ascenso constante, alcanzando números correctos, y participando en citas importantes sin arrugarse. Suplente en un River Plate de altura, con el que conquistó una Sudamericana y una Libertadores, logró asentarse más adelante en Estudiantes, y acumuló partidos en un periodo prolífico a partir de 2016. Así llegó a La Academia, una institución que crecía en todos los sentidos, y en la que encontró un rol adecuado coincidiendo con el advenimiento de Eduardo Coudet. 

El Solari de Racing es lo más parecido a lo que verá la afición celtiña: juego práctico y sin alardes, en pocos toques, vertical. A favor tiene el hecho de conocer el método Coudet, exigente en el día a día, y al que se adapta de maravilla. Se trata de un futbolista con encomiable actitud, esforzado y disciplinado, cuyo historial es casi inmaculado, con la salvedad de una tarjeta roja inédita y discutida en septiembre, contra Nacional. 

Con estas características, es fácil deducir que Solari es ideal para el contexto de un Celta que busca al rival, que provoca y aprovecha el desconcierto. En ese escenario, las virtudes compensan con creces los déficits que arrastra en la creación y el golpeo. Con Coudet tendrá de nuevo la oportunidad de explotar el control, el recorte y la rapidez en la toma de decisiones, que le permiten armar con facilidad el disparo y acertar en el momento del último pase. 

Así las cosas, Solari afronta el momento más delicado de su carrera. La etapa dorada en Racing, que incluyó el gol que selló la liga argentina, es historia. En agosto de 2019, poco antes de la marcha del Chacho, se rompió el cruzado anterior de la rodilla izquierda en un mal apoyo. Para alguien con apenas un par de lesiones leves en un largo historial, la recuperación puso a prueba su madurez. Mas el destino es caprichoso, y la irrupción del coronavirus le dio tiempo para recuperarse con calma. 

Regresó en septiembre a un gran nivel físico, aunque el cambio de sistema de Sebastián Beccacece le complicó el disputar minutos a principios de temporada. Con el paso de los meses se convirtió en alternativa, y a finales de 2020 volvió a disfrutar de cierta regularidad: titularidad y gol contra Estudiantes, medio tiempo en los cuartos de la Libertadores, otro medio tiempo el sábado contra Newell’s. Es lógico albergar ciertas dudas sobre la incorporación al Celta, si bien está en condiciones de adaptarse con velocidad a un sistema que conoce de memoria. 

En él tiene una posición definida, y deberá luchar por desbancar a Brais Méndez, con quien tiene poco en común. Solari se encargará de dotar de profundidad y agresividad al costado derecho, creando espacio para la caída del punta y la aparición del lateral, siendo un fenomenal apoyo para ambos. Dando velocidad a la jugada y ventaja a los arietes, además de una llegada letal, puede resultar en una mezcla explosiva con Iago Aspas o Santi Mina, y es posible que acabe desplazando a Brais Méndez hacia la demarcación de segundo delantero, donde el canterano podría ofrecer juego aéreo y aguantar de espaldas, algo que el Celta necesita sobremanera. Sea cual sea la variante, está claro que la plantilla necesitaba este perfil, que abre la posibilidad de un plan alternativo que asegura tanto implicación en la presión como creación de oportunidades.

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