Al tran tran

Sacar conclusiones de los partidos ante el Real Madrid siempre es complejo. Habitualmente dejan buenas sensaciones pero con derrota en el electrónico. El equipo blanco te permite control, te da espacio y te deja pensar. Pero te mata con dos zarpazos. Visto y no visto. El Celta dejó detalles, quiso proponer porque el Madrid le dio metros, pero demostró que está muy verde, que le faltan fichajes y que Fran Escribá mantiene el inmovilismo que ya se percibió la temporada pasada.

Más allá del gol del juvenil Iker Losada, la mejor noticia la dejó otro canterano. Denis Suárez debutó en Balaídos con una tarjeta de presentación inmaculada. Despliegue de asistencias tirado a la banda izquierda, liderando los tres cuartos de cancha y conectando de forma permanente con un móvil pero desatinado Iago Aspas. Un salto de nivel necesario, y que se potenciará cuando vuelva Santi Mina.

La actuación de Denis, no obstante, fue un oasis. El Celta fue un equipo plano, con cierta intención, pero al que le faltó veneno y convencimiento. Muy previsible. Primero, porque no supo imprimir ritmo al partido. Jugó a lo que quiso el Madrid, con ese ‘tran-tran’ tan poco dañino ante los grandes. Ese ‘tran-tran’ que tanto le gusta a Escribá. Un ritmo bajo, casi soporífero. El Celta no contagia, no transmite. Está lejos de emocionar. El técnico valenciano, a pesar de llevar 5 meses en Vigo, ha sido incapaz de dotar a la plantilla de una personalidad propia. Se agarra a su 4-4-2 contra viento y marea, independientemente de los jugadores de los que disponga. Nula flexibilidad. El Celta crea peligro porque, básicamente, tiene mucha calidad arriba. Pero no hay una idea coral a la que agarrarse, ni alternativas al plan inicial.

Y ahí radica el segundo problema. Más allá de una dirección técnica cuestionable, al Celta le faltan perfiles con los que aportar variantes. A 18 de agosto, el único jugador de banda del que dispone es Pione Sisto, al que el club le busca salida. Cuando el Real Madrid se quedó con 10, cerró el partido de una forma relativamente sencilla. Selló los caminos por el centro, la única vía explorada por el Celta, y usó las transiciones rápidas con basculaciones para desmontar el pobre sistema defensivo olívico. Ayudó a ello que Lobotka siguiera por debajo de su nivel y que a Beltrán, incombustible en la primera parte, se le acabara la gasolina demasiado pronto. Ante este panorama, y sin Okay, Escribá no tenía a nadie que ejerciera de ancla en el equipo. Porque Pape, a pesar de que se ha intentado vender lo contrario, no es ese tipo de futbolista.

Sí, el Celta se presentó ayer con tres bajas de importancia. Tres futbolistas cuyos suplentes están lejos todavía del nivel de los titulares. Pero deja muchas evidencias preocupantes. La primera es que el equipo está demasiado verde en casi todas las líneas. La segunda es que Fran Escribá, más allá de no haber conseguido un patrón claro de juego, se mantiene rígido en un 4-4-2 que está lejos de potenciar los jugadores que tiene, amén de una constante pobre lectura de partidos. Y la tercera es que, a falta de 2 semanas de mercado, el Celta necesita 2 o 3 fichajes de nivel para reforzar las bandas y el centro del campo. Demasiado trabajo pendiente con la Liga ya empezada.

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