Las piezas de 'Tony' Mohamed

‘Tony’ Mohamed tiene materia prima. Y muy buena. A falta de definir la salida de los jugadores con los que no se cuenta, la dirección deportiva liderada por Felipe Miñambres puede presumir de haber completado un verano más que notable. Ha sabido vender y ha sabido fichar. Sin grandes dispendios, pero moviéndose con inteligencia: futbolistas jóvenes, potencialmente revalorizables, de rendimiendo inmediato y elevando el nivel de una plantilla que la temporada pasada se quedó excesivamente corta en todo.

Como viene siendo tradición, el nivel de este nuevo Celta reside especialmente en el centro del campo y en la delantera. Seguramente los dos mejores fichajes hayan sido las dos ‘no-ventas’ de Iago Aspas y Stanislav Lobotka. Piezas básicas, eje, columna vertebral y dos futbolistas con un cartel de mucho peso en el fútbol continental. La cláusula del eslovaco y las características especiales que hacen de Iago un futbolista de casa han propiciado que, una temporada más, estén destinados a ser claves en este Celta.

Lobotka tendrá nuevos espadas a su lado. Las salidas de Daniel Wass –esperada- y del ‘Tucu’ Hernández –inesperada-, el bajo rendimiento de Jozabed y los problemas contractuales de Radoja obligaban en verano a la directiva a recomponer el centro del campo. Y lo hizo Miñambres de forma, a priori, bastante acertada. Encontró en Okay Yokuslu a un internacional turco joven pero con un extraordinario sentido táctico, una notable solvencia y con cartel de promesa. Estaba en la agenda de gigantes continentales. Pero fue más rápido el Celta, ofreciendo algo apetitoso: ser importante en un equipo sin grandes estrellas pero con buen nombre, con gusto por el fútbol ofensivo y con el objetivo de alcanzar competiciones europeas.

Algo similar ocurrió con Fran Beltrán. El Betis, rival directo de los célticos, quería al ex del Rayo. Otra vez fue más rápido Miñambres. Se movió con sigilo y, haciendo gala de la solvencia económica del club, depositó la cláusula de rescisión de 8 millones de euros. Dispone así Mohamed de un futbolista que apunta, como Lobotka, a estar entre los grandes en unos meses. Sus 19 años no hacen más que refrendar esta teoría. Aplomo en el terreno de juego, toque exquisito de balón, convertir en sencillo lo complejo,… Pura versatilidad para un centrocampista puro que parece haberse ganado ya la titularidad en Vigo.

Y la guinda la ha puesto Jensen. Otro producto del caladero nórdico que tanto gusta en A Sede de Príncipe. Éste sí era objetivo primordial de Miñambres. Un joven danés salido del Nordsjaelland, que disfruta en la mediapunta y del que las referencias son muy positivas. Desechó ofertas económicamente superiores para aterrizar en Vigo, movido otra vez por ese apetitoso menú que ofrece el Celta: llegar a un equipo atractivo,  que luchará por Europa y con fama de mejorar la valía de sus futbolistas. Constituye, al final, una buena rampa de despegue hacia la élite continental.

A este remozado centro del campo se le une el aterrizaje de Sofiane Boufal para la delantera. Un perfil diferente. Un futbolista contrastado, con una mala experiencia en la Premier League después de romper los números en Francia. Un futbolista, con todo, que ya ha dejado detalles de su verticalidad, explosividad y regate en los pocos minutos que ha tenido. Un aviso para Pione Sisto, que parece haber empezado poco fino, y para un Emre Mor que cada día semeja estar más desconectado de la dinámica del equipo.

A todo esto se le une una defensa y una portería que dejan dudas. En la zaga, Araújo, Junior y Juncà parecen, en global, elevar algo el pobre nivel de los últimos años. Falta por saber si, quizás, no haría falta alguien más contrastado. Algo similar pasa en la portería. Pasan los años y, a pesar de las peticiones de los entrenador y el pobre nivel de los guardametas, el Consejo se niega a mejorar la posición.

Nuevas piezas, nuevas ideas y mucha juventud para Antonio Mohamed, que tiene la parte más compleja. Juntar los nombres y hacer un equipo. Que sea solvente, que tenga carácter, que sea alegre y que gane. Que pelee por Europa y, si puede, que se clasifique. Que reconecte con la gente. Que vuelva, en resumen, a ilusionar a un Balaídos que continúa algo aletargado.

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