Aprovechar la posesión, un problema estructural

Después de meses de ajustes aquí y allá, parecía que el conjunto dirigido por Juan Carlos Unzué estaba cerca de la regularidad necesaria para la consecución de una plaza europea. Al engranaje de la circulación se había añadido una conveniente sinergia defensiva, capitalizando así la abundancia ofensiva de que disponen los celestes. Incluso la fortuna se inclinaba por devolver lo que los vigueses habían merecido durante una primera vuelta poco agradecida. Y ni así, ni con Aspas colándose entre las piernas de media defensa del Alavés. Existe un problema estructural en el Celta que sale a relucir frente a zagas densamente pobladas.

Paradójicamente, un equipo pensado para acumular y capitalizar la posesión es ineficaz en situaciones de dominio. Ello es así porque el plantel actual fue, en la época precedente, confeccionado para un estilo imposible de replicar. Entre los efectivos disponibles, una parte importante está compuesta de futbolistas poco maleables, bien sea por características técnicas o por cómo conciben el juego. Consecuentemente, Unzué ha de lidiar con un colectivo que es incapaz de generar los espacios que necesita, dependiente siempre de que sea el rival quien los conceda.

En cierto modo, la llegada de refuerzos ha ayudado a paliar este déficit, mas la falta de integración y experiencia ha lastrado el rendimiento de quienes podían aportar algo distinto. Valga por excepción Stanislav Lobotka, alumno aventajado y faro para los compañeros, cuya posición le impide visitar tanto como desearía el área rival. Asimismo, en las últimas semanas se aprecia un esfuerzo adicional por parte del cuerpo técnico por conseguir un equipo más amplio y profundo. La clave del empuje del Celta en la segunda parte en Mendizorrotza llegó tras unos cambios ensayados, con Pione Sisto y Emre Mor ocupando derecha e izquierda respectivamente, apareciendo por la banda connatural a cada uno. Ayudó también que en el doble pivote se situara Nemanja Radoja, dejando mayor libertad al ya mencionado Lobotka.

Pese a estas modificaciones, el Celta volvió a estrellarse contra un muro, como antes sucedió ante el Villarreal, el Atlético o el Espanyol, éste próximo rival en Liga. Para evitarlo en un futuro, Unzué precisa que se den varios condicionantes: primero, que Hugo Mallo, Pione Sisto y Jozabed Sánchez recuperen el máximo nivel, pues son socios preferentes a la hora de asistir en las distancias cortas; segundo, que se complete la adaptación de Emre Mor, Brais Méndez y Lucas Boyé, jugadores de corte elegante que sobresalen con el esférico bajo control; y tercero, insistir en la dupla Radoja-Lobotka para el medio campo, pues han demostrado capacidad para el regate y la incorporación al área.

Con todo, ninguna de estas medidas será eficaz si el conjunto no asimila que debe aumentar la velocidad en el pase y la frecuencia en los cambios de banda, con movimientos agresivos de ruptura y apoyo para resultar menos previsibles. Y ello es cuestión de ensayar y repetir tanto como sea necesario.

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