Boyé, un portento perseguido por las prisas

Irrumpió como un huracán desde las categorías inferiores en River Plate. Ganó una plaza en el plantel mayor siendo todavía juvenil. Y aquella aparición generó una alta cotización que Lucas Boyé (San Gregorio, 1996) aún arrastra. Sin tiempo para madurar en la entidad bonaerense, buscó margen en Newell’s e inmediatamente se encontró con un pasaporte para Europa. Carecía de cifras que amparasen tal expectativa, a pesar de lo cual este singular delantero desembarcó en el Torino, club que suele acertar cuando se trata de firmar promesas. Mihajlovic le concedió minutos, pero siempre supeditando la posición del argentino al interés del conjunto, con lo que le costó encontrar acomodo. Para tratarse de un atacante, las estadísticas de Boyé fueron pobres en la temporada de estreno en el Viejo Continente, situación que se vio agravada el pasado verano por la llegada de más competencia. Y convertido en eterno suplente, la salida se convirtió en una necesidad, sin importar la llegada de un nuevo técnico este mismo enero.

Con tal precedente, el movimiento del Celta puede parecer desesperado, sobre todo teniendo en cuenta que el recién incorporado a préstamo habrá de aumentar sensiblemente en rendimiento con un plazo más bien corto. Pero ahí está la opción de compra de Boyé, cifrada en doce millones de euros, una cantidad con la que el Torino se guarda las espaldas en caso de confirmarse los informes más optimistas. Porque el argentino, discreto hasta ahora en el apartado goleador, tiene rasgos que invitan a pensar en un talento latente. Vigo le ofrece un ambiente distinto, con menor presión y un esquema en el que puede encajar y desarrollarse con naturalidad.

Entrando en detalle, Boyé es un atacante imponente, que aúna zancada y aceleración con cierta envergadura (1,80 m.). Intenso y laborioso, cuerpea, lucha por su cuenta y se faja en tareas defensivas, aportando oxígeno al aguantar la pelota. Difícil de controlar, constituye un peligroso oponente tanto si existen espacios como si la disputa es encarnizada. Es un agitador, fino al desmarque, letal si se le permite desplegar toda su potencia. Gusta de asociarse en las distancias cortas y a menudo desciende para poder participar de la construcción del juego. En cuanto a la demarcación, ha aparecido como delantero de referencia y extremo por la izquierda, mas es mejor como segundo punta, posición en la que destacó en Rosario y que Unzué ha de agradecer.

En cuanto a las prestaciones técnicas, sin duda Boyé posee una definición mejorable, siendo un delantero más amenazador que efectivo, ya sea con los pies o con la cabeza. Desde bien joven ha demostrado que dispone de un arsenal variado y bien nutrido pero, por desgracia, peca de impulsivo y casi siempre se precipita en el gesto del remate, desperdiciando ocasiones que genera con facilidad. Hace gala de un fuerte disparo con la diestra y se atreve con la zurda. Sin duda el apartado más notable se refiere al talento para el control y la conducción del esférico, con interesantes recursos técnicos con los que superar a la marca, cualidades en línea con lo que requiere Primera División.

Con algo menos de la mitad del campeonato por delante, Lucas Boyé tiene complicado encajar en la peculiar disciplina de Unzué. El muchacho precisa de un entorno adecuado y, más que nada, tiempo para sacar el talento que esconde. Con todo, hay motivos para imaginar un futuro esplendoroso. Casa con el proyecto, tiene carácter, encontrará un vestuario incomparable y un hueco en una delantera que, sin John Guidetti y con una nueva disposición, ha quedado reducida a dos posibles inquilinos. Boyé supone un complemento perfecto para Maxi Gómez, puesto que se desenvuelve por todo el frente de ataque, y para Iago Aspas, a quien liberaría de la misión de contener y confundir a la zaga rival. Tan sólo necesita algo de sosiego con el que acertar en las decisiones y escoger el mejor momento. ¿Difícil? Bastante. Claro que algo tiene el Celta para los casos perdidos…

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS