Malas decisiones

La empresa era compleja. Con Mallo y Aspas sancionados, Unzué debía encontrar un reemplazo acorde al peso de estos dos activos, determinantes por la capacidad de asociación y el carácter que imprimen al colectivo. Si la baja del capitán era sensible, la del dorsal diez implicaba desmontar el sistema que había devuelto al Celta a primera línea, pues no existe en el plantel un futbolista adaptado a la demarcación de segundo punta. Ciertamente, a Unzué se le ha acumulado el trabajo desde principio de curso, con lo que estos contratiempos suponen un desafío táctico.

Así las cosas, el preparador navarro recuperó una disposición propia del comienzo de la campaña para recibir al Villarreal: integró a Jozabed en la terna de medios, dio paso a Brais Méndez a la misma altura que Sisto, dejando a Maxi como referencia única, y replegó a Wass al lateral derecho. Un proceso similar tuvo que afrontar el técnico visitante, Calleja, para solventar la ausencia de Bakambu; solución que con el transcurso del partido se demostraría superior en todos los aspectos.

Hasta ahora, el Celta de Unzué se había caracterizado por la capacidad de resolver sucesivos compromisos gracias a la efectividad, con independencia de si podía o no desplegar el juego idóneo. Sin embargo, con Aspas y Mallo observantes en la bancada, los celestes –empezando por el propio entrenador– carecieron del ingenio que requería el cerrojo amarillo. Golpeó Fornals, marcado con la mirada. El local manejaba la pelota, pero la situación parecía bajo control del visitante. Mientras Calleja enviaba hombres de refresco a intervalos, su homólogo en el cuartel contiguo debía arriesgar con cada sustitución.

Allá salieron en auxilio de los compañeros Emre Mor, en detrimento de un previsible Brais, y más tarde Radoja, reemplazo de un Jozabed por debajo de lo esperado, y Guidetti, que dio descanso a un Sisto ofuscado. Ganó el Celta empuje, mas esa potencia fue fútil por culpa de un mal direccionamiento. El resultado final reflejó la cadena de decisiones erróneas de los vigueses, perdidos sin las referencias de Iago y Hugo. Quienes quedaron al mando del juego estaban mal posicionados y tomaron decisiones erradas. Faltó sangre fría, faltó experiencia, faltó clarividencia.

Tuvo sentido la inclusión de Radoja, que liberó a un inconmensurable Lobotka para que llevase algo de voltaje entre las líneas amarillas, pero en general la preparación fue insuficiente. Sin necesidad de dramatismos, fue incluso decepcionante en comparación con lo visto en el Camp Nou y en Mestalla. Hubo dominio, hubo generación de ocasiones, y desde luego hubo oportunidades que acabaron en el limbo. Con todo, después de seis partidos el Celta fue incapaz de marcar. Falta trabajo sobre los más jóvenes, en Mor, en Sisto, en Brais; es inadmisible que un conjunto tan bien orquestado pueda ser silenciado cuando faltan dos intérpretes, sean de la talla que sean.

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