La inadvertida revolución de Unzué

Poco a poco y sin crear revuelo, el Celta de Unzué ha ganado en tonelaje hasta desafiar a los más grandes del campeonato. La evolución en las prestaciones ha sido discreta, sobre todo porque los resultados han sido esquivos, mas también porque el preparador navarro ha ido cosiendo y remendando distintas parcelas de cada vez. Estos trabajos condujeron, ya en el mes de octubre, a un cambio en la configuración colectiva que tiene por expresión más visible la vanguardia compartida entre Maxi y Aspas, y que ha consolidado el entramado defensivo sin reducir el potencial ofensivo.

Singularmente, la medida más importante ha corregido la presión tras pérdida, tarea que ha colocado al Celta por encima de la media en casi todos los parámetros defensivos, en especial el acceso del rival a la zona de remate. Combinado con una posesión más eficaz, el ajuste en la presión ha aumentado el protagonismo de los celestes. Se trata de un conjunto que tiene condiciones para negar espacios, dilatar el repliegue y recuperar la iniciativa con rapidez, redundando en economización de esfuerzos y dominio duradero.

Otra mejora notable consistió en suprimir un paso en la construcción, con una salida menos elaborada y más natural. Básicamente lo que se ha conseguido es dar mejores condiciones a quienes dinamizan el fútbol del Celta –las dos alas, Wass y Sisto– y a los dos finalizadores del equipo –las dos puntas, Maxi y Aspas–. De nuevo las especiales características de la plantilla han llevado a confeccionar un ataque asimétrico: se ha dejado disponible un espacio por delante de la pareja de mediocentros –Lobotka y Jozabed– para quien lo necesite, ya sea una incorporación de segunda línea, un falso extremo o el delantero que busca escapar de la marca con un movimiento interior. De esta forma, Maxi ya no está obligado a descargar de espaldas a la portería objetivo y puede dedicarse a tensionar la línea defensiva.

En principio, este arreglo apenas comportaría más que desplazar a Wass hacia un costado y ponerle límites a Sisto, que de hecho siempre ha participado en la brega cuando el conjunto está replegado en terreno amistoso. Sin embargo, ha requerido una reasignación de las responsabilidades defensivas, pues a menudo uno de los dos pivotes tiene que salir de zona para compensar la inferioridad numérica que genera el desigual reparto de espacios; es un esquema que depende de la solidaridad para mantener las dos líneas de a cuatro.

Asimismo ha cambiado la forma en que se generan espacios. El Celta comenzó la campaña con una distribución equitativa sobre el césped, con la que rompía líneas, pero ha dado paso a un modelo con protagonismo para las bandas, pobladas de apoyos cortos que posibilitan superioridades locales, y que aprovecha la concentración de efectivos para otear el costado opuesto y los desmarques de ruptura; una disposición ideal para Sisto y Wass, cuyo filo luce al divisar campo libre. Ambos han sido alejados de la portería, encargados de suministrar a un Aspas que, ahora sí, está donde de verdad tiene libertad para asistir y marcar.

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