Emre Mor, el príncipe libertino

Ocurre con Emre Mor (1997) que tiene unas condiciones pocas veces vistas. Desde la grada, el observador queda enseguida prendado de maneras tan características, de fintas y carreras con la pelota siempre a resguardo de su corta e hipnótica zancada. Semeja imparable, da igual el espacio del que disponga. Este precoz extremo, ya internacional absoluto, acaba de convertirse en la segunda incorporación más costosa en la historia del Celta de Vigo. Las razones para la adquisición de esta promesa están claras, no así los motivos por los que el Borussia Dortmund accedió a la venta tras doce meses en sus filas.

La reputación de Emre Mor, considerable a tan corta edad, tiene origen en la Eurocopa 2016. Hasta entonces había participado de varias categorías inferiores de la selección de Dinamarca, el país que le vio nacer. Pero terminó escogiendo el rojo de Turquía, de donde procedían los padres. Dado que toda la carrera del muchacho había transcurrido a orillas del Báltico, cuando entró en la lista del combinado otomano era todo un desconocido para los compatriotas. Ni la juventud ni falta de integración fueron óbice para Emre; en la cita continental revolucionó a un conjunto que, como el Celta de Unzué, adolece de sorpresa en los metros finales.

Como es habitual, en las oficinas del Borussia Dortmund se habían anticipado a la eclosión de tan especial talento. Antes de la citada Eurocopa el futbolista ya era propiedad de los germanos, pues habían sellado un acuerdo con el Nordsjaelland danés, donde Emre Mor compartía vestuario con el hoy celeste Lobotka. Sin embargo, la adaptación a Alemania no resultó como esperaban. El célebre técnico Thomas Tuchel realizó una insistente labor durante la pretemporada que, lejos de fructificar, evidenció que Emre Mor era quien peor interpretaba la idea colectiva.

A la falta de progresión del turco se sumó la enorme competencia –en calidad y cantidad– en el tercio atacante, un poderío que el Dortmund ha incrementado en el presente verano hasta quedar fuera de la planificación del nuevo preparador, Peter Bosz. Apenas setecientos minutos acumuló en todo el curso entre cuatro competiciones, con sólo cinco titularidades, una diana y tres asistencias. Nunca llegó a desaparecer del todo, aunque tampoco ayudaron ciertos problemas físicos y alguna que otra indisposición. Demasiados errores, poco entendimiento, escasa efectividad.

En este contexto de estancamiento, el Celta apuesta fuerte por Emre Mor. La necesidad es mutua: el chico debe aprender nuevos registros futbolísticos y el club, luego del desafortunado rendimiento de Beauvue, precisa un agitador para el costado derecho. Juan Carlos Unzué cuenta así con posiciones dobladas y naturales en todo el aparato ofensivo: Guidetti y Maxi Gómez, Sisto y Hjulsager, Aspas y Emre Mor. Una paleta rica con matices de juventud y atrevimiento en la que el recién incorporado, liberado de presión, encaja a la perfección.

En detalle, Emre Mor es un atacante compacto (1,68 m.), con una aceleración y un equilibrio sobresalientes. Ante todo se trata de un zurdo especialista de la  individualidad, hábil en la conducción y con distintos recursos para sortear a la  contraparte: confía en los cambios de ritmo, los autopases, los amagues y las croquetas sin importar el número de oponentes. Con espacios suele optar por pegarse a la línea de cal, donde puede neutralizar a la marca y terminar la jugada yendo hacia el centro; y sin espacio adopta un rol protagonista, ubicuo, con la inestimable capacidad de atraer a tres o cuatro zagueros y desarticular así el entramado defensivo.

En comparación con otros delanteros similares de que dispone el Celta, Emre Mor es el que mejor encarna la sorpresa. Ningún equipo, ni el más consistente, sería capaz de pararle sin cometer infracción. Por otro lado, carece de la visión de Aspas, el disparo de Sisto o la capacidad asociativa de Hjulsager. Le cuesta marcar diferencias, a pesar de haber recibido una magnífica formación en la academia del Nordsjaelland y en el Dortmund. Unzué encontrará en Emre Mor una solución al atranco de los vigueses frente a la portería. Con disciplina y labor didáctica, podría ser el integrante de una delantera de época. Un gran potencial, y una gran incertidumbre.

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