La necesidad de un lateral

Enfrascado en el mercado, con escasez aparente de movimientos y todavía con tarea pendiente. Se encuentra así el Celta, a algo más de una semana de comenzar la Liga, esperando un futbolista determinante que eleve el nivel de su parcela ofensiva, buscando salida a Marcelo Díaz y, quien sabe, la llegada de un lateral zurdo.

Este último punto parece haber quedado relegado a un plano muy secundario, como ya ocurriera otras temporadas, postulándose un año más Jonny como candidato único a ocupar el carril zurdo de la zaga celeste. Pampín, el juvenil que está contando con la confianza de Unzué esta pretemporada y que fue una solución de urgencia, no parece que vaya a fraguar como una alternativa seria al de Matamá, a pesar de que ha demostrado un potencial interesante ávido, eso sí, de experiencia en un escalafón intermedio.

Se le plantea por tanto un dilema a Juan Carlos Unzué. Deberá afrontar toda la temporada con sólo un lateral zurdo. Un arma de doble filo. Jonny, internacional, joven y sobradamente preparado, se sabe titular, por encima de rendimientos. No tiene competencia y sabe que sólo saldrá del once si las lesiones o sanciones llaman a su puerta. Si todo sigue según lo establecido, el de Matamá será titular independientemente de su momento de forma. Y cuando él no esté, el que lo cubra será una mera solución de emergencia, lo que acabará por mermar inevitablemente al equipo.

Deslizó hace unas semanas el técnico celeste la opción de reforzarse con un lateral zurdo. Lo dijo, eso sí, con la boca pequeña. Sabe Unzué por experiencia que en el Celta, en temas de mercado, la opinión del entrenador vale poco. Casi tan poco como la del director deportivo. El carácter tremendamente presidencialista del club, con los pros y contras que ello supone, coloca a los responsables del área deportiva lejos de las decisiones sobre fichajes o ventas. Su peso en la planificación acaba siendo residual. Ha decidido el navarro, por tanto, no seguir el camino de Eduardo Berizzo, que en su día especificó claramente qué quería del mercado. Una actitud que nunca agradó en las altas esferas, porque los resultados finales mostraron una constante: las diferencias entre lo solicitado y la realidad eran sangrantes.

Contaba el Celta esta temporada, tras la salida de Planas, con sumar a Samu Araújo para la causa del primer equipo, pero manteniéndole la ficha del filial. El jugador, que no estaba conforme con esta posición, decidió usar una cláusula de su contrato para poner rumbo a Barcelona: en el segundo equipo culé sí percibirá el sueldo que, en principio, le correspondía esta temporada como futbolista del primer equipo del Celta.

Sin Planas y sin la opción de Araújo, la situación ha acabado con Jonny, otra vez, como amo y señor de su posición. El Celta ha optado, al menos hasta el momento, porque sea el único lateral zurdo de la plantilla. Y quizás convendría, a golpe de agosto, valorar la necesidad de reforzar una posición dando al canterano celeste algo de competencia -que si algo puede hacer es mejorar el nivel de la posición- y quién sabe si eso serviría para ir preparando el terreno en caso de una salida próxima del de Matamá, un extremo que no es, hoy por hoy, nada descabellado.

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